jueves, 19 de febrero de 2015

La nota, parte 1.

14 de diciembre del 2014, 4:01 am


Debo confesar una cosa. Haber leído esa nota me motivó... Me encontraba motivado, demasiado en realidad. Le estaba eternamente agradecido a Jace por haberme hecho leer esa nota, esa bendita nota que me había escrito ella... ¿Pero cual sería el siguiente paso ahora? ¿Hacia donde debía ir? ¿Que camino debía tomar? Esa madrugada había bebido lo suficiente para olvidarla, supongo que era mi objetivo antes de comenzar a hacerlo, beber para olvidar... Ciertamente suele funcionar y con mucha frecuencia claro, pero ahora quería beber para recordarla, quizá no tenía sentido, pero la respuesta a mis propias preguntas se hallaba dentro de mí, estaba seguro de eso y para nadie es secreto que aquello que suele sacar hasta lo más profundo que escondemos es el alcohol.



— ¿Que vas a hacer? — me preguntó Jace, sentado en un contenedor de basura que 

permanecía cerrado a unos seis pasos de mí.

— No lo sé — respondí —. Supongo que encontrarla.

— Espero que supongas bien — dijo en voz baja, pero lo suficiente para que pudiera 

oírle.

— Lo hago — dije —. Supongo bien, Jace.

— ¿No te parece una noche extraña? — preguntó Jace, mientras levantaba la vista al cielo.

— La verdad sí — respondí —. Es una noche curiosamente extraña, hoy lloran las 

estrellas — añadí.

— ¿Hoy lloran las estrellas? — preguntó un curioso Jace, mirándome extrañado.

— Sí — respondí asintiendo lentamente y sonriendo.

— Curioso — dijo.


Jace se levantó de su asiento improvisado y se acercó a mi, introdujo una mano en su 

chaqueta por unos segundos y luego sacó una caja de cigarrillos, me miró detenidamente y me ofreció sacar uno.


— Que curioso, creí que no fumabas — dije mientras tomaba el cigarrillo de su mano.

— No lo hago — dijo en respuesta —. Sólo respiro un poco de aire contaminado a 

propósito de vez en cuando.

— Si te soy sincero, es lo que yo suelo hacer en ocasiones — comenté.


Coloqué el cigarrillo apagado en mi boca, y lo presioné ligeramente entre los labios.


— Te pareces a alguien que no conozco — dijo Jace en tono de broma.

— Seguro que sí — dije.

— Bien, tengo deberes, me retiraré... — decía Jace —. Espero no equivocarme en mi seguridad de que harás lo correcto — añadió, mirándome fijamente a los ojos.

— Yo también lo espero — dije, estrechando la mano de Jace.


Jace se retiró del callejón, dejándome sólo, meditando sobre lo que debía hacer ahora... Si bien, todo había dado un giro inesperado al saber ahora que, era “una de las mejores cosas” que le habían pasado a mi chica, no estaba seguro de que volver a intentarlo sería lo correcto. 


— ¿Cómo se llama? — me pregunté confuso, mientras encendía el cigarrillo.


Esta chica que ahora había olvidado, pero que me seguía gustando me parecía realmente excepcional... En este momento tenía un huracán y un maremoto de sentimientos encontrados, pues quise beber para olvidarla, y cuando por fin lo había logrado debía beber para recordarla... Y lo peor del caso era que a pesar de desconocer su nombre, podía 

recordar sus hermosas facciones y juro que me seguía gustando... Quizá le amaba y no 

quería aceptarlo... Quizá realmente me había rechazado porque no sentía por mi lo que yo sentía por ella. Pero, ¿Como puedo ser “una de las mejores cosas” que le han pasado, si no siente nada por mí? Realmente no estaba seguro de absolutamente nada. Mi cabeza daba 

muchas vueltas, eran demasiadas dudas... No tenía idea alguna sobre lo que debía hacer ahora, realmente no la tenía... Pero estaba decidido en que lo correcto sería buscarla y encontrarla a ella, y sabía a la perfección que recordarla era encontrarla, maldito alcohol, si funciona, ayuda a olvidar, pero... ¿Ayudará a recordar?


La oscuridad del callejón del bar me abrazaba, y podía sentir como el frío de la noche extinguía el calor en mis entrañas producido por el alcohol que había consumido. Así que decidí entrar, y así lo hice. Crucé nuevamente la entrada/salida trasera del bar y caminé lentamente en dirección a la mesa donde estaban los chicos, a excepción de Jace. Miré a 

Hache, Gus, Christian, Travis, Patch y Cuatro sentados cada uno en los lugares que estaban ocupando cuando había decidido salir de ahí. Mientras les miraba desde varios metros de distancia sin que se dieran cuenta, pude sentir a alguien más mirándome. Gus había desviado su mirada hacia mí, y me miraba fijamente, con una curva sonrisa en su rostro. Ambos nos miramos a los ojos, y Gus asintió ligeramente... Como diciendo “Sabía que estarías bien”. Caminé hacia la mesa y Hache fue el primero en hablarme apenas me vio.


— ¡Ostia! — se exaspero sin mucho escándalo —. De lo que te has perdido colega — añadió.

— ¿Puedes creerlo? — me preguntó Gus —. Según parece, el señor Grey ha sido el 

único de nosotros que más que hacer el amor con quién se debería considerar el 

amor de su vida, ha tenido sexo “salvaje y brutal”... — dijo haciendo comillas con sus 

manos, como cuando haces una cita literaria sobre una frase o algo, pero esta era física —. En más de seis ocasiones con su chica — terminó.

— ¿Cual es la diferencia entre tener sexo y hacer el amor? — preguntó Patch.

— Hacen el amor aquellos que no conocen el verdadero significado del placer — 

respondió Christian.

— ¿Y como sabes cuando haces el amor y cuando tienes sexo? — preguntó un Patch 

curioso.

— El secreto está en las miradas... — respondí, acercándome a la mesa y tomando mi lugar de nuevo.


Todos giraron hacia mí algo confusos, como esperando una explicación a lo que había dicho, incluso el mismo Christian Grey me miraba extrañado.


— Cuando se está teniendo sexo miras a tu pareja con hambre y sientes como ella te 

mira hambrienta, pueden sentir incluso que ese apetito tan voraz nunca pero nunca se va a acabar — continué —. Pero hacer el amor no es saciar “el hambre”, no, hacer el amor es un viaje a las estrellas para ambos — terminé.

— Bonita respuesta — dijo Travis, cruzando sus brazos.

— A veces digo cosas bonitas — respondí sonriendo —. ¿Se han acabado las botellas? 

— pregunté mostrando mi vaso vacío.

— ¡Cantinero! — exclamó el señor Grey —. ¡Una botella más por favor!


El cantinero nos trajo un par de botellas de whisky al cabo de varios minutos junto a una pequeña cubeta de aluminio llena de cubos de hielo. Cada uno sirvió su propio trago, y así se mantuvo bastante animada la conversación.


— ¡Una por nosotros los vírgenes! — exclamé levantando mi vaso de whisky, pidiendo un brindis.


El grupo se giró por completo en dirección a mí, y miraban boquiabiertos.


— Venga tío, no estarás hablando en serio colega... ¿O sí? — preguntó un bastante 

sorprendido Hache.

— Sólo bromeaba... — dije sonriendo.


Christian comenzó a hurgar en una especie de bolso que llevaba y al poco rato sacó una vela. Se tomó de un sólo trago el contenido de su vaso, lo colocó boca abajo en el centro de la mesa, y tras haberla encendido colocó la vela encima de este. Luego tomó la botella que estaba casi en fondo blanco y tras levantarla bien en alto exclamó: 


— ¡Una por el único virgen del grupo! — en tono de broma.


Sonreí ligeramente mientras el resto del grupo levantaba sus vasos y gritaban “¡UNA!” una y otra vez.


— Sólo estaba bromeando pesados — dije en defensa, y obviamente en vano.


La conversación con el grupo se mantenía intensa en cuanto a las bromas, lo bueno de ingerir licor junto a un grupo de amigos así, es que nunca imaginabas lo que cada uno dirá.


Por un momento me había olvidado por completo del asunto de mi chica, así que intuí que el alcohol ciertamente ayudaba a olvidar, pero... ¿Realmente no ayudaría a recordar? ¿Sería incapaz de recordar la identidad de la chica que aún me gusta? Sé muy bien que suena ilógico, y quizá hasta irónico, porque no tiene sentido alguno olvidar el nombre, pero no a quién te gusta. Es decir, ¿Puede realmente gustarte una persona sin tener idea alguna de 

quién es? La respuesta no es nada complicada, acababa de comprobar que sí... Podía notar en la mirada de Augustus Waters que yo no era el único interesado en el asunto, cada vez que hablaba podía sentir la mirada de Augustus Waters puesta en mí, intentando quizá analizar lo que decía y entenderme sin necesidad alguna de explicarme. Mientras estaba 

distraído conversando.


— ¿Listos para otra ronda de cigarrillos? — pregunté.

— Admitelo, sólo quieres hablar de tu chica nuevamente — dijo Gus.

— Encontré algo muy curioso — dije sacando la nota de mi bolsillo y colocándola en la mesa.

— Es una nota — dijo Cuatro.

— ¡Felicidades Osado! — exclamó Travis —. Acabas de descubrir algo increíble, que 

no es obvio y realmente bastante interesante — continuó.


Todos rieron.


— Ya, ya, tomemos en serio el problema de nuestro amigo — dijo Gus.

— Creí que habías decidido dejarla atrás porque... — dijo Patch.

— No puede — interrumpió Gus —. Nuestro amigo está enamorado y no quiere 

aceptarlo por razones incongruentes, pues sabe, muy en el fondo sabe que tengo razón... Pero mi duda es, ¿Por que no arriesgarse? — preguntó.

— Ya me arriesgue una vez Gus, estoy seguro de eso y pues, por algo estoy aquí —

respondí.

— ¿Y no has pensado que tal vez estás aquí no para olvidarla sino para encontrar la 

fuerza necesaria para buscar una nueva oportunidad? — preguntó un tanto 

altanero.

— Esto no es una discusión, se agradecería que cada uno controlara el alcohol que ha 

bebido — dijo Christian.

— Lo siento... — se disculpó Gus —. Es sólo qué no puedo quedarme de brazos cruzados al ver como dos personas se niegan la posibilidad de ser felices.

— No fui yo quién negó esa posibilidad Gus — dije.

— Independientemente de quién haya sido, yo creo mi amigo, que no debes darte por vencido — dijo.

— El pirata pierna de acero tiene razón — dijo Jace, acercándose a la mesa —. Se 

supone que harías lo correcto, Javier — continuó, sentándose luego en el único sitio desocupado de la mesa.

— Lo siento, pero no sé que sería lo correcto — dije, tomando un trago de whisky.

— Buscala — dijo Jace —. Ahora — continuó.

— Quizá me vuelva a rechazar y deba volver — dije sin mirarle la cara a nadie.

— Quizá esta vez sea diferente — dijo Travis.

— Quizá sea igual — dije.

— Siempre hay un quizá — dijo Gus.

— Deberías ir en busca de eso — dijo Christian.

— ¿Una nueva oportunidad de ser rechazado? — pregunté.

— No, de un quizá — dijo Gus —. Deberías ir en busca de tú gran quizá.


Debía admitir una cosa, todos tenían razón... ¡Maldita sea! Había bebido en exceso, lo que era suficiente para haber olvidado a esta chica y su rechazo, pero más que ser antídoto fue peor que el veneno. No recordarla era difícil, más difícil que olvidarla y a fin de cuentas, un tanto torturador. La cabeza me daba muchas vueltas, el alcohol que había ingerido había cumplido su objetivo primordial, ahora debía cambiarle la 

misión y parecía más difícil de lo que podía llegar a creer. 


— Yo me tengo que ir — dijo Cuatro —. Tengo cosas que hacer más tarde y debería 

dormir un poco — continuó.

— Yo también debo irme, de hecho, vine con Cuatro... Y sería descortés dejar que se 

vaya sólo — dijo Travis —. Fue un gusto conocerte Javier, espero que encuentres 

las respuestas que buscas.


Travis y Cuatro se despidieron del grupo, y se marcharon sin más. 


— Oye rubio — le dijo Patch a Jace —. ¿Te apetece salir un rato a cazar demonios? — 

le preguntó.

— Ni que lo digas — respondió Jace, levantándose de la mesa de golpe.


Al levantarse, Jace colocó una mano en mi hombro y me dijo:


— No te falles a ti mismo Javier — dándome luego un par de palmadas —. Ve por ella — terminó.

— Espero por tu bien que hagas lo correcto — me dijo Patch —. LO VERDADERAMENTE CORRECTO — continuó.

— Bueno, héroes, ahí nos vemos — dijo Hache, levantando su vaso y despidiéndose de Jace y Patch mientras cruzaban la puerta del bar.


Christian Grey, Augustus Waters, Hache y yo. Fuimos los únicos que quedamos en la mesa. Christian nos pidió obviar el tema un rato mientras continuábamos ingiriendo alcohol, lo que nos ayudó a relajarnos por un largo rato... Pasado ese rato, fue Augustus Waters quién retomó el tema.


— ¿Que dice la nota? — preguntó.

— Que soy una de las mejores cosas que le han pasado — respondí.

— De qué le gustas no tengo dudas colega — dijo Hache, tomando luego un buen trago de whisky, creo que de los cuatro el era quién más estaba tomando.

— Si le gusto entonces, ¿Por qué me ha rechazado? — pregunté.

— Quizá sólo quiere sexo — dijo Christian en respuesta.

— Ya lo he dicho, siempre hay un quizá — dijo Gus.


Sonreí... Me estaban convenciendo de que debía intentarlo de nuevo. Debería salir 

corriendo de ese bar y buscar a esa chica, volverme a declarar y buscar una nueva 

oportunidad, un nuevo intento. Admito que tenía más confianza que antes, y sentía que no me iba a rechazar, pero había un detalle... Aún no recordaba a esa chica. Recordaba con mucha fuerza lo mucho que me gusta, o que la amo, según Augustus Waters estaba enamorado, pero realmente no estaba seguro de ello. El alcohol me ayudó a olvidarla a ella, pero no pude olvidar lo que sentía, este sueño parecía una dura pesadilla la verdad.


— Creo que necesito algo mucho más fuerte que whisky — dije.

— Eso está difícil — dijo Christian.

— ¿Por qué? — pregunté.

— No conozco algo más fuerte que el whisky — respondió.

— Si lo hay — dijo Hache.

— ¿Que cosa es? — preguntó Gus.

— Hay un pringadillo en los muelles que dice tener una brebaje épico — respondió.

— ¿Que esperamos para ir? — preguntó Christian.

— Ou ou, esperen un momento... Es verdad, fue mi idea y quiero algo más fuerte, lo necesito... Pero denme un respiro, no me siento tan bien — dije mientras sujetaba mi cabeza con las manos.

— Tranquilo, iremos por ese brebaje épico cuando te sientas mejor — dijo Christian 

—. ¿Alguien quiere contar alguna anécdota mientras esperamos que nuestro virgen 

se sienta mejor? — preguntó luego.


Hache levantó la mano sin decir nada.


— Hugo, bien... Dinos algo interesante — dijo Christian, señalando a Hache e 

ingiriendo luego un trago de whisky.

— Tengo una pregunta chicos — dijo —. ¿Se arrepienten de no ser lo que eran antes 

de conocer a ya saben quienes? — preguntó.

— Yo no — Christian fue el primero en responder —. ¡Joder! — exclamó —. Antes de conocer a Anastasia Steele, era un pervertido... Refinado, seductor, atractivo, 

influyente, poderoso y quizá hasta manipulador... Pero un pervertido al fin, Ana fue esa luz que eliminó mis jodidas 50 sombras — continuó —. Ella llegó para 

ayudarme a acabar con todas mis dudas, mis problemas, mis remordimientos y 

hasta conmigo mismo... Me dio 50 nuevas vidas que planeo vivir con ella, no me 

arrepiento de haber cambiado — terminó.

— Bueno, mi turno — dijo Gus —. Tampoco me arrepiento de que Hazel Grace me haya cambiado, porque lo hizo, realmente lo hizo — decía mientras ingería cortos sorbos de su vaso —. Solía temerle al olvido, y me negaba a enfrentar la extinción, le huía... Pero ella, Hazel, nunca tuvo miedo ni a lo primero ni a lo segundo... Viajamos a Amsterdam a cumplir su deseo, conocer a su escritor favorito... Pero nos impulsó mi deseo, deseé tiempo para enamorarnos y se nos fue concedido, el único problema fue que le dejé a Hazel Grace una cicatriz que le cambio, y así como ella me cambió a mi, yo la cambie a ella... — ingirió otro buen trago de whisky —. Antes de Hazel sólo era un chico que había sobrevivido al cáncer... Ahora soy un chico que ha sobrevivido tanto al amor como al olvido enfrentando la extinción, y no me arrepiento de haber cambiado — terminó.

— Un día... — comenzó a decir Hache —. Un día despiertas, y te das cuenta de que a 

tu alrededor hay mucha mierda, y no quieres mirar esa mierda, por ello tomas la 

decisión de tomarte todo a la ligera, te compras una moto y vas en ella por la vida 

dando guantazos a mil por hora... Todo para no darte cuenta de la mierda que te 

rodea — continuó —. Pero olvidas una cosa, y es que en medio de toda esa mierda 

puede haber algo bueno, algo que te niegas a encontrar sólo por no querer aguantarte tanta mierda, pero pasa... — ingirió un buen trago de whisky y continuó hablando —. Pasa que aparece alguien y te hace entender que te pierdes mucho yendo a mil por hora, sin darte de cuenta de muchas otras cosas que pueden valer la pena... No me arrepiento de haber cambiado, Babi me hizo crecer, pero Gin 

me hizo madurar, y ambas les agradezco todo, todo... Un pringadillo, eso es lo que 

era, hasta que tener ganas de estar a tres metros sobre el cielo, de enamorarme, me 

sirvió para que Hache pudiera volver a ser lo que es, y de lo que no puede huir nunca, ni jamás. Hugo Olivera, no me arrepiento de haber cambiado, me arrepiento de haber tardado en hacerlo — terminó, bajando la mirada luego.

— Ojalá pudiera decir algo — dije —. Pero ni siquiera recuerdo el nombre de mi chica 

— continué.


Todos sonrieron, mientras levantaban sus vasos.


— En honor al amor, y a nuestras chicas... Porque son increíbles — brindó Hache.

— En honor a estar enamorado — brindó Gus.

— En honor a ver luz al final del camino — brindó Christian.

— En honor a no ser rechazado de nuevo, a recordarla... Y a continuar amándola 

siempre — brindé yo, levantando un vaso vacío.


Hache, Gus y Christian bebieron a fondo blanco... En ese momento tenía una sola opción, y estaba dispuesto a enfrentarla sin problemas, debía continuar bebiendo, debía embriagarme y recordar a la chica que había olvidado, debía intentarlo de nuevo. Por alguna extraña razón sentía muy en el fondo que no me iba a rechazar otra vez, que ahora sí sería diferente, pero tenía miedo, mucho miedo... No tenía seguridad de muchas cosas, pero por muy raro que fuese, me daba seguridad esa nota, y el no dejar de sentir por ella lo 

que continúo sintiendo, era raro, pero ahora sentía que estaba en el deber de recordar su nombre, le había dejado en el olvido, pero se me fue imposible olvidar lo que sentía. Así que me mantuve firme en mi deseo de continuar bebiendo para recordarla, y así buscarla, para intentarlo de nuevo con la fe y la esperanza suficiente como para no creer en un nuevo rechazo... Creía que esta vez sería diferente.


— Sabía que estabas enamorado, lo sabía — dijo Gus, levantando su vaso.


Sonreí sin decir nada, llené mi vaso hasta el tope de whisky, e ingerí de golpe todo el 

contenido. Luego coloqué el vaso encima de la mesa, al lado de la nota.


Continuará...


Nota: Cualquier parecido con algo conocido es mera coincidencia.